miércoles, 16 de mayo de 2007

DOÑA PANCHITA

Hace unas semanas vino a visitarme doña Panchita. Eran las 7.30 de la mañana, estaba yo en pijama preparándome para darme mi ducha matutina cuando llamaron a la puerta. “¿Quién será a estas horas de la mañana?” Los golpes sonaron más suaves que de costumbre, e inconscientemente relacioné este hecho a la personalidad de la persona que llamaba, por eso no me sentó tan mal la visita a esas horas como otras veces.
Abrí la puerta y me encontré frente a mi a una mujer que aparentaba unos 55 años, aunque seguramente tenga menos y aparente esa edad como pasa con muchas mujeres trabajadas por la vida.

- Buenos días señorita, disculpe la molestia. Quería pedirle un favor. Cuando vuelva a su país si necesita una señora para que le haga los trabajos de la casa y le lave la ropa, que me tuviera en cuenta.
- Gracias por el ofrecimiento señora, pero yo todavía voy a vivir unos cuantos meses en Camiri, y sinceramente allá no necesito una señora para los trabajos de la casa, entre otras cosas porque no tengo casa.
- Está bien señorita, pero cualquier cosa yo le hago ese encargo, téngame en cuenta por si se entera de algún trabajo que yo pudiera hacer ahí.

Ni siquiera me da su nombre, ni un dato de contacto, cuando ya se iba le pregunto como se llama y me contesta que Doña Panchita.

No es la primera vez que recibo encargos de este tipo, incluso hubo una temporada que me enfadé con el mundo porque me sentía acosada y lo que es peor, creo que no quería sentir a mi cargo a desconocidos que habían decidido que se iban a acoplar a mi vida en Pamplona.

El caso de Doña Panchita es algo distinto al resto. Se le veía una mujer más bien humilde, y me doy cuenta que hasta ahora las peticiones de escapada masiva de aquí ha venido de un sector de la población de clase media bastante acomodado y todo se torna un tanto contradictorio.

Lejos de mi casa y dotada de la amplitud de miras que creo te da el viajar, me doy cuenta de lo importante que puede resultar para una persona su tierra con todo lo que ello conlleva. No se trata de cuestiones nacionalistas como a muchos les gusta etiquetar cualquier manifestación de territorialidad simplificando y eliminando cualquier otro sentimiento, creo que tiene mas que ver con lo que somos y hemos vivido.

¿A que puede responder la fiebre de huir tan lejos de la tierra que te ha ido formando como persona y te ha dotado de una identidad?

El poder y las garras de las que dispone la globalización tiene todo demasiado atado y controla el ritmo que va tomando el mundo. Es capaz de vender una sociedad “ideal” a través de un bombardeo mediático, que va incorporándose poco a poco y silenciosamente en el día a día de los distintos pueblos y culturas contaminándolas.

Muchas veces no se trata de ir a buscar una oportunidad de vida mejor, se trata más bien de huir para olvidarse de lo que es vivir en un país “tercermundista” y pertenecer a esa sociedad casi perfecta que venden los anuncios de Coca-cola, aunque para ello tengas que ser un ciudadano de segunda.

Bolivia es un país rico en Recursos Naturales pero ostenta el título de ser el país mas pobre de Latinoamérica, y “el primer mundo” hemos logrado seguir sangrando a este y otros países, pero ahora ya no en lo material, estamos logrando anular las ganas de cambiar 500 años de historia y de luchar por defender e intentar mejorar su tierra, su casa, su patria o como quieras llamarlo, por un ideal de vida europeo.

Por supuesto que todo esto no es una verdad absoluta, es solo una opinión personal que tiene una cooperante europea en un momento dado de su paso por Bolivia.